Muerte digna: buscando la dignidad de una buena muerte

Hoy estamos de enhorabuena en ‘mediaticum’.

Ya no sólo por el simple hecho de inaugurar una sección de autores invitados, si no por hacerlo con una de las personas que más interés y repercusión causa en el mundo de la salud, tanto en lo digital como en lo presencial.

Y es que para esta ocasión he querido contar con un invitado de altura, de esos de primer nivel, a quien antes de nada quiero darle las gracias por su buena disposición y haber aceptado mi invitación de forma desinteresada y haciendo gala de su generosidad.

Es todo un lujo y un absoluto privilegio para esta web y para su administrador contar con Joan Carles March Cerdà.

Para aquellos a los que no les suene el nombre, os dejo un breve resumen de su trayectoria.

Joan Carles March es licenciado en Medicina por la Universidad de Barcelona (promoción 1977-1983) y Doctor en Medicina con una tesis sobre ‘Desigualdades en salud’.

Diplomado en Sanidad por la Escuela Nacional de Sanidad y diplomado en Estadística por la Universidad Autónoma de Barcelona, es Máster en Salud Pública y Administración Sanitaria y Médico Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.

Ha sido Director de la Escuela Andaluza de Salud Pública (enero 2015- septiembre 2017).

March Cerdá ha sido el primer Presidente del comité de gestión de la Red de Escuelas de Salud para la Ciudadanía del Ministerio de Sanidad, Igualdad y Servicios Sociales. Es investigador responsable del grupo de Salud Pública en lo Profesional y lo Ciudadano, del Instituto de Investigación Biosanitaria (ibs.GRANADA) y  también es miembro del CIBER de Epidemiología y Salud Pública.

Sus áreas de trabajo han estado centradas en Promoción de Salud y Salud Pública, donde fue director para Europa de la Unión Internacional de Promoción y Educación para la Salud (1999-2001). En el campo de la investigación ha sido coordinador de Investigación de la Escuela Andaluza de Salud Pública (1996-2001), impulsor e investigador principal del Programa Experimental de Prescripción de estupefacientes de Andalucía (PEPSA), tercer proyecto que se realizó en el mundo sobre la materia y donde se utilizaba la heroína como medicamento.

Ha sido evaluador del Fondo de Investigaciones Sanitarias y de diversas publicaciones en revistas nacionales e internacionales, no en vano cuenta en su haber con más de 150 artículos. Es autor del libro ‘Liderar con corazón’ y del estudio CLIMAP, clima emocional en atención primaria.

Actualmente colabora de forma habitual con diversos medios: Diario Médico, Salut i Força, Canal Sur Radio, Granada Digital y Diario Público, entre otros.

Ha sido consultor en proyectos de la Unión Europea, asesor de la Organización Panamericana de la Salud, de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Nacional de Transplantes.

Desde 2008 es co-Director de la Escuela de Pacientes de Andalucía.

Podemos considerarlo un ‘influencer’ destacado ya que la gran mayoría de sus publicaciones en medios sociales, donde tiene una presencia muy activa, tienen un alto impacto y una extensa repercusión,  además de contar con una audiencia consolidada y fiel.

Joan Carles March puede considerarse en sí mismo una tendencia propia, por todo lo que aporta y la pasión con la que lo comparte.

Os dejo con el artículo que ha escrito para esta web.

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Hablar de la muerte no es fácil. A todo el mundo nos cuesta acercarnos a ver la muerte (y digna) como un momento que viviremos, aunque todos sabemos que todas las personas llegaremos a ello. Y mientras esta visión es cierta, también lo es el hecho de que afrontar y enfrentar la muerte (DIGNA) se convierte en una experiencia de personas sorprendentemente positivas.

Pese a esa visión, apartar la vista de la muerte (DIGNA) es consustancial a las sociedades modernas. La muerte se esconde, se hace invisible. Y es que el concepto abstracto de la muerte parece ser más aterrador que la propia realidad de la muerte. Incluso, creo que cuando las personas se imaginan lo que es morir, lo ven como muy diferente de la vida que conocen. Pero en realidad, la muerte (DIGNA) es parte de la vida, y tal vez no necesitamos temerla tanto.

La muerte es inevitable, pero el miedo no lo es.

Y esa aversión es costosa. Normalmente, la muerte (DIGNA) es una de esas cosas que hemos desalojado de nuestras vidas, algo que nos paraliza al enfrentarnos a ella; que nos lleva, ante ella, con frecuencia, a que no sabemos qué decir.

Hay diversas razones que pueden justificarlo:

  • El hecho inevitable de que la muerte representa un problema sin solución, de que, sin duda, vamos a morir en cualquier caso.
  • Ante este hecho, las sociedades pre-modernas optaron por intentar domesticar la muerte, mientras que las modernas eligieron la evitación de la muerte y ante ello, trabajamos para mantenernos en forma, hacer ejercicio, llevar una dieta equilibrada, alejarnos de los fumadores o de la contaminación del agua, ante los que cabe hacer algo. Así, todas las estrategias de salud se centran en la enfermedad, sin incorporar la muerte en sus intervenciones.

 

En estos tiempos, como escribe Sergio Minué, en que se replantea una y otra vez el concepto de salud no estaría mal el aceptar que quizá el primer requisito saludable es reconocer que la muerte existe, hacerla visible y ayudar a la gente a enfrentarse a ella.

Y es que entender la muerte (DIGNA) como el último (e inevitable) escalón en cualquier pirámide, nos facilitaría el poder vivir mejor.

Las leyes que han tratado el tema de la MUERTE DIGNA han incorporado como objetivo garantizar una atención adecuada durante el proceso final de la vida, evitando el sufrimiento y respetando la dignidad y la libre decisión de cada paciente. Pero morir dignamente implica garantizar el acceso a los cuidados paliativos y al tratamiento del dolor, implica establecer el derecho a la atención sanitaria en domicilio en la etapa final, implica prohibir la obstinación terapéutica y regula la aplicación de la toma de decisiones de las personas en las situaciones terminales. También se establece la potestad del ciudadano para rechazar o paralizar cualquier tratamiento o intervención aunque ello pueda poner en peligro su vida.

Por tanto, en el paraguas del concepto muerte digna se incluyen diversas acciones para tratar de rebajar el sufrimiento físico en los momentos finales de la vida.

Cuidados paliativos, eutanasia, suicidio asistido… son cosas diferentes. Así, los paliativos se enfocan hacia “mejorar la vida de los pacientes y familiares cuando se enfrentan a enfermedades que amenazan la vida”. Abarcan desde la mejora del confort “mediante el tratamiento del dolor” hasta considerar la muerte “un proceso natural que no debe ser retrasado”. Que el final llegue con el menor sufrimiento. Es una práctica con amparo legal.

La eutanasia es otra aproximación a ese concepto de muerte digna: poner fin a la vida cuando ese bien “está desprovisto de dignidad” y “el titular la rechaza”.

En las ocasiones en las que los sujetos todavía están en condiciones para realizar las acciones que acerquen su tramo final, la ayuda técnica para que eso se produzca sin sufrimientos físicos es lo que se entiende por suicidio asistido.

En este entorno aparece la compasión, literalmente «sufrir juntos», «tratar con emociones …», simpatía como sentimiento humano que se manifiesta a partir y comprendiendo el sufrimiento de otro ser. Más intensa que la empatía, la compasión es la percepción y comprensión del sufrimiento del otro, y el deseo de aliviar, reducir o eliminar por completo tal sufrimiento. La compasión es un proceso que se desenvuelve en respuesta al sufrimiento y comienza con el reconocimiento del sufrimiento, el cual da pie a pensamientos y sentimientos de empatía y preocupación por el bienestar de quien sufre. A su vez, esto motiva a la acción que alivia el sufrimiento.

En definitiva, la muerte digna designa la actuación correcta ante la muerte por parte de quienes atienden al que sufre una enfermedad incurable o en fase terminal. Por extensión se entiende como el derecho del paciente a morir dignamente, sin el empleo de medios desproporcionados y extraordinarios para mantener la vida. La muerte digna es el derecho que ostenta un/a paciente (o sus familiares, si está imposibilitado), que padece una enfermedad irreversible y cuyo estado de salud es terminal, de decidir y manifestar su deseo de rechazar procedimientos invasivos a su cuerpo.

La muerte digna, reconocido por el Consejo de Europa, es la muerte que, deseada por una persona, se produce asistida de todos los alivios y cuidados paliativos adecuados, así como con todos los consuelos humanos posibles. Una muerte digna es el hecho y derecho a finalizar la vida voluntariamente sin sufrimiento, cuando la ciencia nada puede hacer para la curación de una enfermedad mortal. Y tal como apuntaba, el avance de los medios técnicos, la obsesión por la salud y la prolongación de la expectativa de vida en las sociedades modernas conllevan en la práctica la negación del dolor y de la muerte misma, lo que provoca, mas o menos directamente, que el concepto de Muerte Digna, o el más clásico de Eutanasia, estén de absoluta actualidad, discusión y debate.

Y para mi, una muerte feliz fundamenta el derecho a la eutanasia: “Me gustaría morir consciente y despedirme digna y humanamente de mis seres queridos. Morir feliz para mí no significa una muerte sin dolor, sino una muerte en conformidad y con paz interior. Quiero morir con la dignidad que he vivido y sin verme reducido a una existencia vegetativa”.

Una “buena vida” bien merece una “buena muerte”.

 

Joan Carles March Cerdà.

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2 comentarios en “Muerte digna: buscando la dignidad de una buena muerte”

  1. Enhorabuena a los dos. A Ricardo por ofrecernos este gran artículo del excelente comunicador Joan Carles March. Y a este último, por su valentía al invitarnos a la reflexión de un tema tan delicado: la muerte digna, tratado en un tono muy cercano y humano.
    Todos tenemos experiencias en relación con la muerte de amigos, compañeros y familiares. La actitud de unos y otros ha sido distinta. Sus creencias a algunos les han ayudado. Unos han sufrido más…..el dolor físico, el miedo, la pena por dejar a tus seres queridos es difícil de gestionar. Todos necesitamos prepararnos para ese momento. Y todos necesitamos q nos acompañen en ese trance.
    Ya q no elegimos venir a este mundo…al menos q nos dejen elegir la muerte q deseamos. Hay situaciones extremas q pueden obligar a uno a tomar esta decisión tan dura.
    El respeto a esa decisión tan personal debe regularse legalmente. Debe ser un derecho tener una muerte digna cuando la vida ya no lo es.

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    1. Ojalá, lleguemos a conseguirlo….
      Desde luego el articulo excepcional.
      Tan de acuerdo contigo que no consigo expresarlo.
      Otra vez , Enhorabuena !!!
      Y que te escuchen..

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