Cierre de año: balance de objetivos

A punto de acabar el 2017 publicamos el que seguramente sea el último artículo del año.

Dentro de la incertidumbre por la actual situación política en Cataluña, con la derivada toma de control por parte del Ministerio de Sanidad de las competencias homónimas, lo que sí parece claro es que no hay variación en cuanto a la declaración de indicadores y objetivos por parte de los centros de salud. O dicho de otra forma, lo que viene siendo rendir cuentas.

Y es esa misma incertidumbre la que hace que cada día salten noticias y rumores, por ejemplo, como cuando la sede de la Agencia Europea del Medicamento estaba pendiente de sede. Pero desde hace poco menos de un mes ya sabemos que se instalará en Ámsterdam, dado que la candidatura de la ciudad condal no pasó ni el primer corte.

https://politica.elpais.com/politica/2017/11/20/actualidad/1511198880_269295.html

Pero no sólo eso, los acuerdos con proveedores se pueden llegar a ver afectados en tanto que la situación político-social no acabe de estabilizarse y tenemos unas elecciones inminentes.

Veremos qué nuevo escenario nos deparan los comicios de la semana próxima y cómo se va reordenando todo, que irá en función de qué fuerza acabe gobernando.

A punto de acabar el año llegan las prisas por cuadrar los indicadores que se marcan a los equipos de Atención Primaria (AP, en adelante) desde las diferentes consejerías de salud.

Normalmente el plazo se suele extender hasta finales de febrero o principios de mazo, para que se registren todos los datos del año natural.

La explotación de datos de todo tipo se multiplica para cubrir aquellas cotas que los centros deben cumplir, en parte, para recibir las partidas económicas correspondientes, aunque no dependa únicamente de este factor. Tendríamos otros, tales como el total de población asignada por área de salud (por citar algún ejemplo) y que debería cruzarse con la tasa de frecuentación, gasto en farmacia, derivaciones; que por otra parte siempre son los más recurrentes.

Un elemento que empodera a los profesionales asistenciales es la posibilidad de disponer de alguna herramienta que les permita consultar y gestionar su propio cupo. Es decir, saber cuáles son las desviaciones o ítems que no se están cumpliendo.

Cuando hablamos de indicadores, normalmente nos vienen a la cabeza los clásicos, como el control de los usuarios catalogados como PCC  y MACA.

Pero habría que trazar una diferencia entre dos tipos de indicadores: los AGA (aquellos que dependen de la función conjunta de proveedores de salud de una misma área sanitaria: atención primaria, salud mental, etc…) y  los AP (aquellos que hacen referencia a los equipos de atención primaria de forma individual).

En el caso del Catsalut, organismo que depende del Departament de la Generalitat de Catalunya, los objetivos vinculados a las contraprestaciones por resultados en 2016 para los equipos de AP se dividían en 5 grandes bloques.

1.- Objetivos de línea asistencial.

2.- Objetivos según características de la unidad productiva.

3.- Objetivos del equipo de atención primaria COMSALUT.

4.- Objetivos específicos de Región.

5.- Objetivos específicos transversales.

Del punto 1 vale la pena la encuesta PLAENSA realizada en 2015 por el Catsalut y que se define como una encuesta de satisfacción de los servicios sanitarios versus la ciudadanía, y que se viene haciendo de forma trianual habitualmente.

Hoy pongo la lupa sobre uno de los indicadores que se enmarca dentro del último punto.

Los objetivos específicos transversales de 2016 tenían un indicador que decía, cito textualmente: “conseguir que las tasas brutas de hospitalizaciones potencialmente evitables  por ACSC relacionadas con ICC y MPOC se sitúen por debajo de determinados valores”.

Y ya que hablamos de MPOC, otra de las variantes asociadas que también se recoge dentro del punto 5 es el porcentaje mínimo de pacientes entre 40-80 años con diagnóstico de MPOC que tengan espirometría publicada en HC3.

Bien. Desde un prisma mínimamente crítico se puede interpretar de la siguiente forma: cantidad de pacientes que son derivados al hospital, por lo que su patología o caso no se ha resuelto desde la consulta de AP.

En enunciado del marcador sólo habla de “tasa bruta de hospitalización”. Al margen del motivo por el cual no se resuelve la consulta desde AP y se acaba derivando, se puede considerar un gasto. Y si finalmente el paciente acaba en hospitalización, el motivo de consulta se encarece.

¿Deben penalizarse los casos que acaban en hospitalización si son evitables? Lo que cuesta de entender es que, siendo evitables, acaben por ser hospitalizaciones reales, a no ser por el empeoramiento del paciente, por ejemplo. Con lo cual, volvemos al tema del gasto.

El gasto, sí.

Es curioso, que sin tener nada que ver, en el otro extremo de lo que podríamos considerar gasto aparezcan acciones como podría ser el hecho de tomar la tensión. ¿Cuántas veces a lo largo del año podemos tomar la TA a un mismo usuario sin justificación clínica? Y  que éso no sea visto como un gasto inmaterial (como por ejemplo de tiempo) o como el ocupar un espacio de visita llama la atención.

Por tanto, no a base de repetir una acción ésta se convierte en óptima solo por el mero hecho de llegar a cubrir unos simples indicadores.

Pero entraríamos en la eterna discusión de lo políticamente correcto, y es que hay cosas que no queda bien decirlas aunque sean realidades aplastantes.


PCC: paciente crónico complejo

MACA: enfermedad crónica avanzada, con previsión de defunción en 12 meses aproximadamente

ACSC: Ambulatory care sensitive conditions

ICC: insuficiencia cardíaca crónica

EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica

HC3: historia clínica compartida


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