Sanidad universal, que no gratuita

A propósito del post publicado en el blog Salud con cosas sobre si es posible una sanidad universal de Miguel Ángel Máñez me vienen varias cosas a la cabeza.

Pero antes de nada, es aconsejable reproducir el vídeo que Máñez adjunta en su publicación de una charla TED de Raj Panjabi, responsable del proyecto Last Mile Health

Que el sistema sanitario español es uno de los punteros a nivel mundial es un hecho empírico e irrefutable, por ejemplo, en donación de órganos.

Pero que en líneas generales nuestro Sistema sea universal,  que no quiere decir que sea gratuito (pues todo tiene un coste aplicado), beneficia la idea de que éste debería ser un derecho universal y no un privilegio, aunque sea de esos asuntos que siempre tiene defensores y detractores.

Es innegable que el hecho de que los sistemas sanitarios no evolucionen mientras sí que lo hace su entorno es, a todas luces, sinónimo de debilidad.

Y ya no sólo porqué factores como la innovación pidan a gritos ser asimilados por las organizaciones.

No se trata de una innovación tecnológica, que también, sino de huir de indicadores clásicos tipo gasto de farmacia, bajas laborales o planes de formación continua en los que no se incentive únicamente de forma económica.

Pero para aplicar según qué cambios los líderes deben tener voluntad de hacerlo.

La crisis humanitaria como la de los refugiados que siguen pereciendo en el Mediterráneo sin remedio llamando a las puertas de Europa, son signos de que nuestra sociedad debe alinearse con las necesidades reales de la época en que suceden los acontecimientos destacados, aunque ello signifique cambiar modelos de primera necesidad y gestión de recursos.

Las entidades sanitarias de provisión pública deberían tener la obligación de realizar una búsqueda constante de optimización de recursos que las convirtieran en entes lo más eficientes posibles, que no siempre es sinónimo de eficacia.

Incluso cabe la posibilidad de desarrollar modelos que pudiendo tener una personalidad jurídica propia, minimicen los costes en pro de una cartera de servicios que cubra las necesidades de la población a la cual dieran cobertura, sin perder un ápice de calidad.

El hecho de poder autogestionar la cartera de servicios de la misma forma que la propia demanda podrían ser algunas de las claves que en un futuro a corto/medio plazo se acaben insertando como elementos fijos en la base del Sistema.

Autogestión no necesariamente tiene que ser sinónimo de eliminación de prestaciones, más allá de estar a favor o en contra. Autogestión y autocobertura son dos aspectos que se pueden inter-relacionar.

Por tanto, basar la estrategia en modelos que sitúen a las personas como eje principal se está convirtiendo cada vez más en una tendencia; dicho de otra manera, socializar el propio sistema. ¿Será que antes eran modelos basados en el coste?

Así las cosas, parece entonces obvio que la llave para salir de la encrucijada sea cómo resolver la sostenibilidad del Sistema sin perder servicios, ni esa calidad a la que hacía referencia en líneas anteriores a la cual ninguno estamos dispuestos a renunciar.

Realizar programas destinados a los grupos de interés y stakeholders son cada vez más demandados y acaban orientando a nuestra entidad hacia el éxito. Nos es otra que reorientar la oferta hacia la demanda comunitaria. No falta nada por inventar.

O dar apoyo a programas destinados a luchar contra el aislamiento de las personas mayores es sólo un ejemplo de cómo la entidad puede entrar en simbiosis con el territorio. Si en las ciudades las estadísticas son, en ocasiones, demasiado altas ya no digamos en el ámbito rural.

Por otra parte, publicar algo tan sencillo como una declaración de misión, visión y valores asienta las bases de la esencia de nuestra entidad y nos define en un escenario necesariamente comparativo, que de forma irremediable será un plus a la hora de establecer un benchmarking. Pero debe ser aplicando la lógica, par luego integrarlo en documentos clave como la memoria de actividad o el plan de calidad.

En resumen, no basta con asimilar los cambios sin formar parte de ellos, por lo que cada vez más instituciones sanitarias se van sumando a la llamada Responsabilidad Social Corporativa.

Al final, la estructura jerárquica del propio sistema matriz hace que sea muy complicado estructurar políticas que se trazan de forma general, sin tener en cuenta que cada centro puede requerir necesidades específicas. Tómese como ejemplo la autogestión, pese a que también tenga enemigos.

El mandato de Obama con su reforma del sistema sanitario americano, conocida como el Obama Care, acercaba posturas con nuestro actual modelo, pese a que ahora el antagónico de Trump tenga como objetivo derogarlo.

El debate continuará.

 

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