Pirámides de volatilidad

Aquello de que el valor es algo intangible pero necesario no deja de ser un impedimento para utilizarlo de la manera que mejor nos convenga.

Es ese valor el que pasa de ser una ventaja a ser un despropósito cuando no lo aplicamos de igual modo debido a los intereses que se puedan tener para según qué propósitos.

Desde hace algún tiempo las organizaciones sanitarias han venido recorriendo varias etapas pero que con el paso de los años hay lastres que no acaban de superarse, lo que se hace más evidente dependiendo del prisma desde el que se miren.

La última huelga de la sanidad concertada en Cataluña, por citar algún ejemplo, venía  a poner de manifiesto que lo que para los profesionales es sobresaturación (y otras demandas) que afecta directamente a la calidad de los servicios, a ojos de los usuarios son simplemente prestación de servicios sin más.

El problema viene cuando los pacientes sólo quieren ser atendidos de forma rápida, casi inmediata, con calidad y a bajo coste; lo cual es una quimera mientras no se haga un cambio estructural.

Por tanto, la pirámide del Sistema debe recolocar sus componentes.

piramide sistema sanitario
Autor: Ricardo Cañabate

La explicación es bien sencilla: los profesionales son los que utilizan los recursos con los que se garantiza la sostenibilidad del Sistema y que deben ser controlados y optimizados por los gestores para el beneficio de los pacientes.

En cambio, aquellos gestores que se posicionan como la base que sostiene al resto de elementos no hacen nada más que incrementar su ego, pero su pirámide acabará sucumbiendo.

La fuga de talento de las organizaciones sanitarias es un tema que todos parecen querer evitar, ya que la entidad está por encima de toda lógica preestablecida. Algunos líderes no paran atención a indagar sobre cómo funciona la entidad que dirigen; y aunque menos, también los hay que sólo basan su mandato en no preocuparse de lo que pasa en los pasillos, en las consultas y en los mostradores.

El factor más grave es que a veces la gestión se vuelve un ítem que hace que la organización retroceda. Y no tiene nada que ver con posicionar al paciente como centro del Sistema (que es obligatoriamente indiscutible y necesario), si no por el hecho de no apostar por el talento y experiencia de aquellos que componen las organizaciones: los profesionales.

Paradójicamente, el paciente no deja de ser un elemento externo y sin embargo es insustituible mientras que los profesionales van y vienen sin remedio, con el consiguiente impacto negativo relacionado con la falta de estabilidad.

La gestión de la demanda, la presión asistencial, la precariedad o el burnout terminan por hacer que los profesionales busquen otras opciones donde crecer. Pero si además le sumamos el que muchos están mejor valorados por otras entidades ajenas a la suya, o como suelo decir, no son profetas en sus centros de trabajo, parece lógico pensar que se decanten por buscar alternativas.

En cualquier caso, la propia condición humana siempre hace que deseemos aquello que no tenemos, lo que nos lleva a que no valoremos aquello que tenemos hasta que lo perdemos.

El concepto y valoración de un sistema sanitario público y de calidad tiene que preferenciar aquella materia prima de la que se nutre.

No poder desarrollar iniciativas de calidad y no poder crecer en el ámbito profesional acaban mermando la implicación con la entidad, la vinculación y el orgullo de pertenencia (citado por el Dr. Alfonso García Viejo en #MyRAS19)

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