David frente a Goliat

El pasado 30 de octubre de 2018 Joan Carles March publicaba en su perfil de Twitter una foto con referencia a la «Ley de asistencia sanitaria inversa» de Julian Tudor Hart (médico, sociólogo y escritor británico) y publicada en 1971 en la revista The Lancet.

 

«La disponibilidad de una buena atención médica tiende a variar inversamente a la necesidad de la población asistida. Esto […] se cumple más intensamente donde la atención médica está más expuesta a las fuerzas del mercado, y menos donde la exposición esté reducida»

 

Resulta curioso como tratados tan simples son verdades tan contundentes y tienen una alargascencia relevante que, a priori, alguno podría pensar que no tendría mucho recorrido. En cambio, con el paso de los años siguen siendo condicionantes abrumadores.

Podríamos intentar autoconvencernos de que la piedra angular de nuestro sistema sanitario es el paciente, pero en muchas ocasiones esta figura se ve eclipsada por lo referente al gasto. Pero vende más lo primero. Es una estrategia de márketing.

Entonces, el llamado sistema del bienestar corre el riesgo de corromperse hasta la putrefacción, llegando en ocasiones a beneficiar al más fuerte frente al más débil.

Y en realidad es contraproducente dado que aunque no sea políticamente correcto decirlo, sin embargo vende mucho más las bondades de un Sistema, que se compone de una red de microsistemas, en el que cada uno dicta sus propias reglas de juego, que las  carencias que pudiera tener.

Por tanto, no hace falta mirar a la formulación de Hart, cuando en España las condiciones de acceso y uso del Sistema sanitario público varían en función de allá donde vivas. Tenemos la realidad a la vista, pero nos falta perspectiva para contemplarla y voluntad para implemetar.

Así las cosas, la evidencia resalta que no todos somos iguales frente al Sistema, y sigue pasando.

En tiempos de corrientes de aire fresco como la humanización, lo socialmente comprometido o la economía circular, es el propio sistema el que tiene sesgos como la permisividad de las desigualdades. Y esto es algo que va en contra de todos.

Por tanto, no estamos descubriendo nada nuevo.

El pasado agosto publicaba una encuesta que obtuvo casi 500 votos y en la que los participantes opinaban que la sanidad se utiliza como arma política en un 73%. Un servicio básico, esencial, fluctúa en función de quién toma las riendas o de que partido gobierna.

Aún así nuestra sanidad pública es de las mejores del mundo, quizá más por los profesionales que por los que toman decisiones y con ellas hacen que el monstruo de la incertidumbre no haga más que alargar su sombra de forma continua.

Acceso a la Ley de asistencia sanitaria inversa AQUÍ

 

Fuentes consultadas:

La consulta del Doctor Casado. Hay leyes muy duras: ley de cuidados inversos

Gestión clínica Varela. Contradicciones de la medicina de hoy según la Dra. McCartney

Un comentario en “David frente a Goliat”

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